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Daniela – madre de dos niños

Mi hija comenzó sus clases de Arte terapia, primero como una actividad entretenida y novedosa, porque desde chiquita le ha gustado todo lo que se refiere a artes manuales, sin saber que en el camino nos encontraríamos con valiosas herramientas para su desarrollo.

Lo que esperaba de estos talleres, era un momento en que ella pudiera estar a solas consigo misma, creo que todos necesitamos esos momentos a solas, donde pensamos y analizamos profundamente,  quizás leyendo un buen libro o una taza de café nos permite explorar nuestro interior. Los niños, necesitan analizarse y expresar sus temas y qué mejor que hacerlo dibujando, usando su creatividad, su imaginación, que es la forma que ellos usan a su corta edad, para mostrar quienes son desde ángulos que nosotros como adultos, no distinguimos a simple vista. Y eso se cumplió.

Sólo al ver su entusiasmo para sus clases, nos da a entender que valora y disfruta esos momentos.

Mi hija es una niña muy sana y vivaz, activa y platicadora, para mí, está llena de virtudes, pero considero que estas clases nos han dado las herramientas para conducir esas virtudes, para que no se conviertan en fragilidad. Por ejemplo, ella es muy minuciosa, ordenada y estructurada , las rutinas no se rompen , menos las reglas  , y dentro de todo ese orden hay un riesgo , si como padres no sabemos guiarla, porque esas virtudes si no se conducen bien , traen consigo estrés , ansiedad, falta de paciencia y tolerancia, frustración y miedo al cambio.

Claro que todo esto, que empezó como un actividad recreativa, no lo hubiéramos distinguido sin las platicas con la maestra, donde claramente, sin duda alguna, todo lo que oímos, lo que la maestra nos compartía de nuestra hija, es la interpretación fidedigna de como es ella, cada actividad tiene un foco claro, es impensable todo lo que se puede descubrir de nuestro pequeños en estas clases. Como adultos logramos entender al “pequeño adulto ” que hay en ellos.